El independentismo catalán: detrás de la magia está la pasta (sólo para cuatro elegidos)

Por una serie de motivos, en los que casualmente han convergido causas familiares y de trabajo, desde hace unos cuatro meses estoy en contacto frecuente con Cataluña, tanto a nivel de calle, de personas y de organismos.

Para quien no quiera seguir leyendo, lo resumiré en dos ideas:

– Los catalanes: fabulosos, educados, cívicos y con ganas de ayudar.

– La casta política catalana: soberbios, impresentables y con ganas de chupar de sangre a los ciudadanos.

Cataluña posee uno de los regímenes de autogobierno más descentralizados del mundo. Tanto es así que la casta política catalana ha estado robando a manos llenas a los catalanes y España no ha hecho nada por impedirlo (¿Será que entre bomberos no se pisan la manguera?).

Como no soy de monsergas, ni palabrería barata, todo esto mejor lo resumiré con unas cifras y datos:

– La familia Pujol ha blanqueado 3.000 millones de euros. Una sola familia, “ejemplar” para el independentismo catalán. Por comparar la cifra, la brutal subida del IVA (del 18 al 21 %) de Montoro en el año 2012 supuso unos 2.300 millones de euros ese año. A consecuencia de esa subida se hundieron numerosas familias y empresas.

– Los peajes de las autopistas en Cataluña no son de titularidad estatal, sino autonómica y fueron construidas durante los gobiernos de Jordi Pujol, que optó por esta acción, en vez de construir autovías gratuitas. Los peajes están amortizados de sobra y se mantienen sólo porque benefician a CiU-Abertis-La Caixa (Fuente original, en catalán).

– Desde la llegada al poder del “santo” Jordi Pujol en 1982, se calcula que las asociaciones separatistas, camufladas bajo diferentes nominaciones, han recibido unos 20.000 millones de euros, nada menos que 3,3 billones de las antiguas pesetas (¿cuántas cosas maravillosas se hubieran podido hacer con este dinero?).

– Según un informe de la Policía, algunos miembros de estas organizaciones independentistas han colaborado o pertenecido a organizaciones terroristas.

– El 28 % de los niños catalanes sufren malnutrición infantil.

– Se han presupuestado 8,9 millones de euros para la consulta catalana.

Con estos últimos 8,9 millones de euros, 1.481 millones de las antiguas pesetas, se aliviaría el hambre de los niños catalanes de golpe.

Esto no es demagogia, se trata simplemente de humanidad y empatía.

Que no pretendan engañarte, pensar así no supone el ser “fascista” o “nazi”, es simplemente ser normal, cosa que en España cada vez resulta más difícil.

La izquierda política española (y no toda afortunadamente) es la única del mundo (salvo algunos grupúsculos) que apoya al independentismo en un país democrático y descentralizado. Recuerdo que el anarquismo catalán tradicionalmente está en contra del independentismo, por considerarlo enemigo del proletariado catalán. Por no hablar de Stalin, que consideraba al independentismo como una desviación burguesa, reprimiendo a sus paisanos georgianos.

A nadie se le puede obligar a estar unido con quien no desea estarlo, pero aunque la realidad sea muy dura y triste, no conviene actuar como los tres monos sabios, no oír el mal, no ver el mal, no hablar del mal. Pero si el mal está enfrente de nosotros y lo queremos ocultar, no queriéndolo ver, actuamos de manera irracional, viendo a los cantos de sirena como “un mañana mejor” y a los que siempre han robado al pueblo catalán como “la gente en la que hay que confiar”.

Siendo muy real la frase de la escritora catalana Laura Freixas:

Como aplicando el pensamiento racional es imposible convertir un círculo en cuadrado, el independentismo ha optado por sustituir la razón por otra cosa: el pensamiento mágico.

¿Por qué decimos que son tontos cuando en realidad son malos?

No creo que España sea (aunque lo parezca) el país del mundo con más tontos por metro cuadrado, el problema es que ser tonto en España es tremendamente rentable, porque siempre va a haber cuarenta tontos más que te van a reír las gracias y todo este tinglado tonteril a la larga va en busca de una subvención.

Pero no estamos hablando de los tontos gratuitos, sino de tontos peligrosos. Y que de tontos no tienen nada. Son malos, que es mucho peor.

A los malos no siempre se les ve venir, porque a fuerza de hacer maldades a la larga se les termina descubriendo. Por eso lo mejor es hacerse pasar por tontos.

De estos malos que se hacen pasar por tontos hay a toneladas, desde el imbécil (o la imbécil) que apoyad@ en el ganado maltrata a l@s pobrecic@s de su clase hasta el maltratador, que parecía normal, pasando por el “jefe majo” que te putea de la forma más sibilina y rastrera.

Gente tóxica en definitiva. Pero veamos tres ejemplos de esta gentuza cuando llega al poder. Y aquí hay mucho peligro.

El primero fue el desastre bíblico de Zapatero, también conocido como ZetaParo. Aparentemente era otro buen chico, pero sibilinamente inculcaba el odio allá por donde pasaba. Empezó su carrera como un contrato amiguil como profesor, en el que hablaba de las maldades de Franco en vez de desarrollar el programa de lo que impartía que era Derecho Político. Cuando dejó la Universidad, desde allí pensaron: que lleves tanta paz, como descanso dejas. De su labor como presidente, poco tengo que decir que no se haya dicho. Aunque hizo algunas cosas buenas (como la ley de dependencia), la cagó la verde cuando llegó el momento de la verdad. Y lo peor, la mentira tan descarada y tan a sabiendas de decir: mienten los que dicen que ha habido recortes sociales.

El segundo fue Mariano Rajoy. Otro “buen chico” (líbreme Dios del agua mansa, que del agua brava bien me sé yo librar). Se creyó que como tenía mayoría absoluta podía recortar derechos de los trabajadores, de los funcionarios, asfixiar (¡aún más!) a los autónomos, entre otras cosas. Y bien chulo con los que podía. Fuerte con los débiles y débil con los fuertes. Porque con Europa, los políticos y con los independentistas aparecía “plasmao”. No, con eso no había cojones. Ni para acabar con el mamoneo de unos 450.000 políticos gastando a todo gastar, ni con la mamandurria de los independentistas, ni con la humillación a las víctimas del terrorismo y de los criminales sexuales.

Y pasamos al último villano: Artur Mas. Este ni siquiera lo disimula. No parece ni un buen chico, sino alguien con el alma podrida. Porque hay que tenerla pero bien, para andar subvencionando 30.000 mamandurrias mientras 3 de cada 10 niños catalanes sufren desnutrición. En un país civilizado, esto ni se consentía. Pero estamos en España, donde a los malicos se les hace presidentes y a los terroristas y violadores se les excarcela y a algunos hasta con homenajes.

Ya será malico este último, que utiliza Cataluña (a la que está haciendo tanto daño) para oscuros fines (a la larga se sabrán, pero son los de siempre), que plantea junto con ERC, un referéndum trampa, en el que la primera pregunta es:

¿Quiere usted que Cataluña sea un Estado? Y si es así, ¿independiente?

Por poner un ejemplo, es como si alguien, vamos a poner el caso de un mozo y una moza, le dice este a esta: ¿Quieres tener algún tipo de relación conmigo? Y si es así ¿quieres que sea de pareja?

Si yo fuera mujer y me hubieran dicho algo así, me mantendría lejos de ese tiparraco. No parece jugar limpio. No sabría si quiere ser amigo, si quiere sexo o no, o si quiere perversiones varias, no sé lo que quiere con esa pregunta tan ambigua.

Prefiero lo que decían en aquella película de posguerra (algo gitanaca, esto último con sentido de humor, sin racismo, que conste en acta) en la que la protagonista, harta de las infidelidades de su chico (en la película decían de su hombre), le espeta con aspecto altanero:

– ¡Ya está bien! ¿me quieres o no me quieres? ¡contesta sí o no como Cristo nos enseñó!

No sé si Cristo enseñó esas cosas, pero lo que es cierto es que por más que Artur Mas quiera comparar el tema con Escocia, ni es lo mismo, ni se lo parece, empezando por la preguntita, que en Escocia es:

 ¿Debería Escocia ser un país independiente? Sí o no

Yo propongo hacer un referendum a nivel de toda España, incluyendo Cataluña, por supuesto:

¿Deben todos los ciudadanos españoles seguir manteniendo a costa de sus familias personas sin escrúpulos cuyas características notorias son la maldad y la irracionalidad?

Para esto sí que no hay cojones.