La llegada del ébola a España y el traje nuevo del emperador

Llegó el ébola a España. Alguna vez tenía que ocurrir. A las pandemias no hay quien las pare, como ocurrió en el pasado con la tristemente famosa peste negra.

La cabeza de turco ha sido, como suele ser normal por estos lares, la víctima: la auxiliar de enfermería, que cumplió valientemente y profesionalmente con su trabajo.

Sin negar su responsabilidad, en su trabajo y después de él, todo ha sido debido a errores humanos, que no se hubieran producido si hubiese habido un protocolo estricto, se hubiese cumplido y los encargados de ello, se hubieran preocupado de que se hubiese cumplido. Si se trabaja en condiciones peligrosas, la culpa no es del trabajador

Los virus no conocen de razas o naciones y en Estados Unidos ha ocurrido lo mismo con esta enfermedad. Pero mientras allí, los gobernantes y políticos, alaban su valentía, su sentido del deber y su patriotismo, aquí, de una manera cobarde y rastrera, a una persona que no se puede defender al estar hospitalizada en estado grave, la han acusado de mentirosa y de mala profesional, cuando a ellos les ha traído al pairo la sanidad, los protocolos sanitarios, la formación en este tema y otras tantas cosas.

Y luego están por otro lado los que intentan sacar tajada política del asunto, cuando ellos hubieran hecho lo mismo. No queremos sustituir una casta por otra, simplemente no queremos castas, queremos buenos gobernantes, buenos gestores, gente que ame a su país y a su gente, por encima de su partido y de la avaricia enfermiza por la buena vida.

Que pena de políticos, apátridas y llenos de avaricia y narcisimo; que pena de pueblo idiotizado, fanatizado y embrutecido; que pena, en definitiva, de país.

No nos engañemos, si todo no se va a un sitio feo, con todo en el lote incluido nosotros, es porque todavía quedan españoles maravillosos, como esa auxiliar de enfermería que cumplió con su deber; como ese profesor que intenta más que enseñar domesticar y encima le acusan “de ganar mucho”; como esa autónoma que dice que ya no puede más, pero no puede echar a sus tres empleadas, porque de ellas dependen tres familias; como ese funcionario que sigue acudiendo al trabajo con ilusión y una sonrisa en los labios te dice claramente me dan igual los borregos y los políticos, amo a mi trabajo y a mi país; como ese trabajador recortado por la maldita crisis que no sabe lo que hacer para llegar a fin de mes porque su mujer ha contraído un cáncer y ha dejado de trabajar, llegando a casa reventado haciendo chapuzas extras y todavía tiene que esbozar una sonrisa. Estos casos no son inventados, por desgracia son muy reales.

El ébola ha hecho el efecto del cuento de El traje nuevo del Emperador, de Han Christian Andersen, hace ver al rey desnudo, a España desnuda, pero a muchos no les afecta, ya que siguen viendo al rey vestido, es decir, no quieren ver la realidad que tienen a unos metros de sus ojos.  

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El independentismo catalán: detrás de la magia está la pasta (sólo para cuatro elegidos)

Por una serie de motivos, en los que casualmente han convergido causas familiares y de trabajo, desde hace unos cuatro meses estoy en contacto frecuente con Cataluña, tanto a nivel de calle, de personas y de organismos.

Para quien no quiera seguir leyendo, lo resumiré en dos ideas:

– Los catalanes: fabulosos, educados, cívicos y con ganas de ayudar.

– La casta política catalana: soberbios, impresentables y con ganas de chupar de sangre a los ciudadanos.

Cataluña posee uno de los regímenes de autogobierno más descentralizados del mundo. Tanto es así que la casta política catalana ha estado robando a manos llenas a los catalanes y España no ha hecho nada por impedirlo (¿Será que entre bomberos no se pisan la manguera?).

Como no soy de monsergas, ni palabrería barata, todo esto mejor lo resumiré con unas cifras y datos:

– La familia Pujol ha blanqueado 3.000 millones de euros. Una sola familia, “ejemplar” para el independentismo catalán. Por comparar la cifra, la brutal subida del IVA (del 18 al 21 %) de Montoro en el año 2012 supuso unos 2.300 millones de euros ese año. A consecuencia de esa subida se hundieron numerosas familias y empresas.

– Los peajes de las autopistas en Cataluña no son de titularidad estatal, sino autonómica y fueron construidas durante los gobiernos de Jordi Pujol, que optó por esta acción, en vez de construir autovías gratuitas. Los peajes están amortizados de sobra y se mantienen sólo porque benefician a CiU-Abertis-La Caixa (Fuente original, en catalán).

– Desde la llegada al poder del “santo” Jordi Pujol en 1982, se calcula que las asociaciones separatistas, camufladas bajo diferentes nominaciones, han recibido unos 20.000 millones de euros, nada menos que 3,3 billones de las antiguas pesetas (¿cuántas cosas maravillosas se hubieran podido hacer con este dinero?).

– Según un informe de la Policía, algunos miembros de estas organizaciones independentistas han colaborado o pertenecido a organizaciones terroristas.

– El 28 % de los niños catalanes sufren malnutrición infantil.

– Se han presupuestado 8,9 millones de euros para la consulta catalana.

Con estos últimos 8,9 millones de euros, 1.481 millones de las antiguas pesetas, se aliviaría el hambre de los niños catalanes de golpe.

Esto no es demagogia, se trata simplemente de humanidad y empatía.

Que no pretendan engañarte, pensar así no supone el ser “fascista” o “nazi”, es simplemente ser normal, cosa que en España cada vez resulta más difícil.

La izquierda política española (y no toda afortunadamente) es la única del mundo (salvo algunos grupúsculos) que apoya al independentismo en un país democrático y descentralizado. Recuerdo que el anarquismo catalán tradicionalmente está en contra del independentismo, por considerarlo enemigo del proletariado catalán. Por no hablar de Stalin, que consideraba al independentismo como una desviación burguesa, reprimiendo a sus paisanos georgianos.

A nadie se le puede obligar a estar unido con quien no desea estarlo, pero aunque la realidad sea muy dura y triste, no conviene actuar como los tres monos sabios, no oír el mal, no ver el mal, no hablar del mal. Pero si el mal está enfrente de nosotros y lo queremos ocultar, no queriéndolo ver, actuamos de manera irracional, viendo a los cantos de sirena como “un mañana mejor” y a los que siempre han robado al pueblo catalán como “la gente en la que hay que confiar”.

Siendo muy real la frase de la escritora catalana Laura Freixas:

Como aplicando el pensamiento racional es imposible convertir un círculo en cuadrado, el independentismo ha optado por sustituir la razón por otra cosa: el pensamiento mágico.