La indignidad de los corruptos, los intolerantes y los violentos

 

 

La Marcha de la Dignidad acaba en una completa indignidad. Con los artistas que la convocaron yo no iría ni a repartir dinero, pero entiendo perfectamente a la gente que por desesperación se ha unido a ellos, pues con el hambre, el paro, los desahucios y una casta política que pasa completamente del pueblo la gente está desesperada y se agarra a un clavo ardiendo.

La inmensa mayoría de los manifestantes eran pacíficos, incluyendo por supuesto los “artistas”. De eso yo no tengo ninguna duda. Pero a ellos se unió un grupito de gente intolerante y violenta, terroristas en definitiva.

Lo de antisistema es una simple denominación. Yo sería el primer antisistema, pues no creo en este sistema podrido, partitocrático, clientelar, que sólo favorece a las grandes fortunas y a los advenedizos, y creo que debe ser cambiado desde ya. Mi estado no es de cabreado (es de estar hasta cierta parte que por buen gusto no nombraré), pero no por eso me lío a destrozar mobiliario urbano, a agredir a policías y a atacar a gente que no piensa como yo. Por el contrario, me limito a seguir trabajando, cumplir con mi deber en todo momento y en todo lugar, respetar al que no piensa como yo y poner mi granito de arena para que poco esto vaya cambiando.

Pese a que lo nieguen y echen la culpa a la culpa a la Policía los convocantes del 22M, las grabaciones colgadas por la reportera Cruz Morcillo no dejan lugar a dudas.

Por desgracia, y como un desprecio evidente a los manifestantes pacíficos (allá ellos los que apoyen a estos salvajes), estos indeseables arrojaron adoquines a la Policía, tiraron petardos, e incluso apuñalaron a un policía.

Un trabajador del SAMUR relataba como gritaban “Dejadlos morir” para que no atendiesen a los policías heridos, aplaudiendo cada vez que entraba un policía herido, e incluso llegaron a arrojar un petardo junto a ellos, necesitando un cordón policial para poder trabajar.

En total ha habido 101 heridos, 67 policías y de éstos, 14 acabaron hospitalizados. Uno de ellos recibió cuatro puñaladas por la espalda, pero el chaleco de seguridad evitó que le hirieran de gravedad. Indignidad, de los violentos, los intolerantes, los terroristas, los que se empeñan en hacer un mundo peor de lo que ya es.

Indignidad del Gobierno, que no dotó a la Policía de medios, pero cuando acosan a los políticos o el Congreso, cuando les tiembla el trasero, todos los medios son pocos.

Indignidad del gobierno de Rajoy que ha mentido a los ciudadanos, haciendo lo contrario de lo que les prometió y destruyendo a la clase media.

Indignidad del anterior gobierno de Zapatero, que con superficialidad y estulticia, condujo a España a la incompetencia y a la ruina.

Indignidad de la casta política, que no realiza el menor sacrificio cuando millones de personas viven el drama del paro, los jóvenes no tienen futuro, las familias son puestas en la calle y las pequeñas empresas son cerradas.

Indignidad de los ciudadanos a los que les da igual todo, que desaparezcan los servicios públicos, que les da igual que sus compatriotas sufran o que España se marche por la fregadera.

Pero, ¿hay dignidad? Afortunadamente sí.

Dignidad de los ciudadanos que, hasta sin esperanza, siguen luchando y trabajando. Y siguen sacando sus familias adelante, sus pequeños negocios, sus trabajos, los jóvenes sus estudios. Y el país no se hunde gracias a ellos.

Dignidad de los ciudadanos que no tienen para acabar el mes y hacen encaje de bolillos, piden ayuda a la familia, rebuscan en la basura los que peor lo pasan. se pasan las noches en vela para pensar en como pagar las letras, los que sobreviven en vez de vivir. Valientes, sí que son héroes.

Dignidad de las personas que en cargos importantes, en la política, en los servicios públicos, en las empresas, no se corrompen, tienen ética, tienen moral, están asqueados con lo que viven a su alrededor. Luchan, frecuentemente en secreto por cambiar este estado de cosas.

Sí, afortunadamente hay dignidad. Los dignos son mayoría y los indignos una minoría, pero al igual que un cáncer o una infección, a veces ganan la partida.

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