Soldadito español, soldadito valiente

Cuando la casta política parasitaria española de los años 20 del siglo XX (sí, la cosa no viene de ahora) movía sus intereses económicos en África (como lo del gas natural con el felipismo y luego-ahora con las eléctricas) era entonces todavía peor. Ahora nos matan a disgustos (y algunos hasta de hambre), pero entonces los poderosos-asquerosos mandaban a los pobres cuitados (en roman paladino), a los que no podían escaquearse, a morir a África, bajo una tierra terrible y enemigos crueles.

Aquello eran carnicerías salvajes bajo un enemigo implacable. Los pobres obreros (que eran mayoría) no tenían ni puta idea de sobrevivir en aquellas circunstancias y los mandos eran sobrepasados por la fiereza y la movilidad de las implacables huestes de Ab el-Krim.

Aquellos muchachos, esos pobres cuitados, tenían unos cojones más gordos que los del caballo de Espartero (que por cierto se los hicieron tan grandes para bajar el centro de gravedad, al levantar el caballo de la estatua una pata delantera).

Pero de nada servía el valor contra un enemigo implacable y cruel que no sólo hacía prisioneros, sino que torturaba hasta la muerte a los pobrecitos que caían en sus manos.

A la casta política parasitaria de entonces, sólo le importaban sus negocios, incluidos los africanos, por lo que si morían los españolitos, bien les daba de lado.

España se desangraba y nadie hacía nada, como se expresaba en las canciones populares:

¡Pobrecitas madres,
cuánto llorarán,
al ver que sus hijos
a la guerra van!

Ni me lavo ni me peino
ni me pongo la mantilla,
hasta que venga mi novio
de la guerra de Melilla.

Melilla ya no es Melilla,
Melilla es un matadero
donde van los españoles
a morir como corderos.

Los que no sufrían, como ahora, eran los políticos, a pesar de todo el dolor y la desolación existente, siempre se quedaban algo entre las manos:

Los obreros de la mina
están muriendo a montones
para defender las minas
del conde de Romanones.
que luego los asesina.

Así empezó la gloriosa historia de la Legión. Aquellos hombres podían tener muchos defectos, pero entregaron sus vidas, consideradas por la sociedad como miserables, para que otros no murieran. Y esto es de una enorme grandeza.

España no se podía marchar de África con el rabo entre las piernas. Con las fieras corrupias que había entonces se la habrían comido con patatas. Estábamos entonces en un buen lío, en el que para variar, los políticos se escaqueaban.

Cuando en 1909, el Primer Ministro Antonio Maura manda enviar tropas de reserva a las posesiones españolas en Marruecos, en ese momento muy inestables, siendo la mayoría de estos reservistas padres de familia de las clases obreras, se arma en Barcelona. Es la Semana Trágica.

Sí, la Legión empezó con gente de patilla y faca. Gente de mal vivir. Muerta en vida, porque la vida les hirió con zarpa de fiera. Ladrones, pendencieros, gente de todo tipo y condición, sin importar, nacionalidad, tipo, condición o color de la piel, que habían decidido cortar por lo sano con su pasado y morir con honor, recuperando el espíritu de los caballeros medievales y de los samurais japoneses, ya que su fundador, Millán Astray, era un estudioso del Bushido, el código militar y de honor de los samurais, a través de libros de libros escritos en francés. Pero huyamos de simplezas, la Legión no era un mero recogedero de quinquis, también había poetas, como el novio de la muerte.

Ya se lo dejó muy claro Millán Astray, cuando llegaron a esas terribles tierras de África:

Habéis cruzado el Estrecho para morir. Todavía estáis a tiempo. Simplemente basta que le digáis al médico que os duele la garganta.

La Legión frenó la sangría de españoles en África

No. No seamos simples, por favor.

Ya no hablo de esta Legión Española actual, moderna, maravillosa, capaz de las más nobles, generosas y valerosas acciones en campañas en el exterior, y además con la riqueza de la incorporación de la mujer a sus filas.

Hablo de esos orígenes canallas, de faca y patilla. Sí, aquellos hombres eran nobles porque supieron dar su vida por un ideal. Y porque entregaron su vida por España, y gracias a eso, otros la salvaron, sacando adelante al país y a sus familias.

¿Quién es el delincuente en esta historia? ¿el honorable político que manda a morir a los hijos de España, alimentado su avaricia y para sus propios intereses? o ¿el delincuente de poca monta que entrega su vida por su país y por una causa noble defendiendo a su Patria e impidiendo que mueran otros españoles?

Sí. Por eso se amaba a la Legión en España. Porque entregando sus vidas valerosamente en el infierno de la Guerra de África, salvaron la vida de los españolitos que la casta política enviaba a morir.

El problema del español es que no conoce su historia. Reniega de su pasado y pasa de ella. El problema es que la historia no pasa de él. Por desgracia la lleva encima. Como dijo Abraham Lincoln: no podemos escapar de nuestra historia.

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