Soldadito español, soldadito valiente

Cuando la casta política parasitaria española de los años 20 del siglo XX (sí, la cosa no viene de ahora) movía sus intereses económicos en África (como lo del gas natural con el felipismo y luego-ahora con las eléctricas) era entonces todavía peor. Ahora nos matan a disgustos (y algunos hasta de hambre), pero entonces los poderosos-asquerosos mandaban a los pobres cuitados (en roman paladino), a los que no podían escaquearse, a morir a África, bajo una tierra terrible y enemigos crueles.

Aquello eran carnicerías salvajes bajo un enemigo implacable. Los pobres obreros (que eran mayoría) no tenían ni puta idea de sobrevivir en aquellas circunstancias y los mandos eran sobrepasados por la fiereza y la movilidad de las implacables huestes de Ab el-Krim.

Aquellos muchachos, esos pobres cuitados, tenían unos cojones más gordos que los del caballo de Espartero (que por cierto se los hicieron tan grandes para bajar el centro de gravedad, al levantar el caballo de la estatua una pata delantera).

Pero de nada servía el valor contra un enemigo implacable y cruel que no sólo hacía prisioneros, sino que torturaba hasta la muerte a los pobrecitos que caían en sus manos.

A la casta política parasitaria de entonces, sólo le importaban sus negocios, incluidos los africanos, por lo que si morían los españolitos, bien les daba de lado.

España se desangraba y nadie hacía nada, como se expresaba en las canciones populares:

¡Pobrecitas madres,
cuánto llorarán,
al ver que sus hijos
a la guerra van!

Ni me lavo ni me peino
ni me pongo la mantilla,
hasta que venga mi novio
de la guerra de Melilla.

Melilla ya no es Melilla,
Melilla es un matadero
donde van los españoles
a morir como corderos.

Los que no sufrían, como ahora, eran los políticos, a pesar de todo el dolor y la desolación existente, siempre se quedaban algo entre las manos:

Los obreros de la mina
están muriendo a montones
para defender las minas
del conde de Romanones.
que luego los asesina.

Así empezó la gloriosa historia de la Legión. Aquellos hombres podían tener muchos defectos, pero entregaron sus vidas, consideradas por la sociedad como miserables, para que otros no murieran. Y esto es de una enorme grandeza.

España no se podía marchar de África con el rabo entre las piernas. Con las fieras corrupias que había entonces se la habrían comido con patatas. Estábamos entonces en un buen lío, en el que para variar, los políticos se escaqueaban.

Cuando en 1909, el Primer Ministro Antonio Maura manda enviar tropas de reserva a las posesiones españolas en Marruecos, en ese momento muy inestables, siendo la mayoría de estos reservistas padres de familia de las clases obreras, se arma en Barcelona. Es la Semana Trágica.

Sí, la Legión empezó con gente de patilla y faca. Gente de mal vivir. Muerta en vida, porque la vida les hirió con zarpa de fiera. Ladrones, pendencieros, gente de todo tipo y condición, sin importar, nacionalidad, tipo, condición o color de la piel, que habían decidido cortar por lo sano con su pasado y morir con honor, recuperando el espíritu de los caballeros medievales y de los samurais japoneses, ya que su fundador, Millán Astray, era un estudioso del Bushido, el código militar y de honor de los samurais, a través de libros de libros escritos en francés. Pero huyamos de simplezas, la Legión no era un mero recogedero de quinquis, también había poetas, como el novio de la muerte.

Ya se lo dejó muy claro Millán Astray, cuando llegaron a esas terribles tierras de África:

Habéis cruzado el Estrecho para morir. Todavía estáis a tiempo. Simplemente basta que le digáis al médico que os duele la garganta.

La Legión frenó la sangría de españoles en África

No. No seamos simples, por favor.

Ya no hablo de esta Legión Española actual, moderna, maravillosa, capaz de las más nobles, generosas y valerosas acciones en campañas en el exterior, y además con la riqueza de la incorporación de la mujer a sus filas.

Hablo de esos orígenes canallas, de faca y patilla. Sí, aquellos hombres eran nobles porque supieron dar su vida por un ideal. Y porque entregaron su vida por España, y gracias a eso, otros la salvaron, sacando adelante al país y a sus familias.

¿Quién es el delincuente en esta historia? ¿el honorable político que manda a morir a los hijos de España, alimentado su avaricia y para sus propios intereses? o ¿el delincuente de poca monta que entrega su vida por su país y por una causa noble defendiendo a su Patria e impidiendo que mueran otros españoles?

Sí. Por eso se amaba a la Legión en España. Porque entregando sus vidas valerosamente en el infierno de la Guerra de África, salvaron la vida de los españolitos que la casta política enviaba a morir.

El problema del español es que no conoce su historia. Reniega de su pasado y pasa de ella. El problema es que la historia no pasa de él. Por desgracia la lleva encima. Como dijo Abraham Lincoln: no podemos escapar de nuestra historia.

¿Por qué decimos que son tontos cuando en realidad son malos?

No creo que España sea (aunque lo parezca) el país del mundo con más tontos por metro cuadrado, el problema es que ser tonto en España es tremendamente rentable, porque siempre va a haber cuarenta tontos más que te van a reír las gracias y todo este tinglado tonteril a la larga va en busca de una subvención.

Pero no estamos hablando de los tontos gratuitos, sino de tontos peligrosos. Y que de tontos no tienen nada. Son malos, que es mucho peor.

A los malos no siempre se les ve venir, porque a fuerza de hacer maldades a la larga se les termina descubriendo. Por eso lo mejor es hacerse pasar por tontos.

De estos malos que se hacen pasar por tontos hay a toneladas, desde el imbécil (o la imbécil) que apoyad@ en el ganado maltrata a l@s pobrecic@s de su clase hasta el maltratador, que parecía normal, pasando por el “jefe majo” que te putea de la forma más sibilina y rastrera.

Gente tóxica en definitiva. Pero veamos tres ejemplos de esta gentuza cuando llega al poder. Y aquí hay mucho peligro.

El primero fue el desastre bíblico de Zapatero, también conocido como ZetaParo. Aparentemente era otro buen chico, pero sibilinamente inculcaba el odio allá por donde pasaba. Empezó su carrera como un contrato amiguil como profesor, en el que hablaba de las maldades de Franco en vez de desarrollar el programa de lo que impartía que era Derecho Político. Cuando dejó la Universidad, desde allí pensaron: que lleves tanta paz, como descanso dejas. De su labor como presidente, poco tengo que decir que no se haya dicho. Aunque hizo algunas cosas buenas (como la ley de dependencia), la cagó la verde cuando llegó el momento de la verdad. Y lo peor, la mentira tan descarada y tan a sabiendas de decir: mienten los que dicen que ha habido recortes sociales.

El segundo fue Mariano Rajoy. Otro “buen chico” (líbreme Dios del agua mansa, que del agua brava bien me sé yo librar). Se creyó que como tenía mayoría absoluta podía recortar derechos de los trabajadores, de los funcionarios, asfixiar (¡aún más!) a los autónomos, entre otras cosas. Y bien chulo con los que podía. Fuerte con los débiles y débil con los fuertes. Porque con Europa, los políticos y con los independentistas aparecía “plasmao”. No, con eso no había cojones. Ni para acabar con el mamoneo de unos 450.000 políticos gastando a todo gastar, ni con la mamandurria de los independentistas, ni con la humillación a las víctimas del terrorismo y de los criminales sexuales.

Y pasamos al último villano: Artur Mas. Este ni siquiera lo disimula. No parece ni un buen chico, sino alguien con el alma podrida. Porque hay que tenerla pero bien, para andar subvencionando 30.000 mamandurrias mientras 3 de cada 10 niños catalanes sufren desnutrición. En un país civilizado, esto ni se consentía. Pero estamos en España, donde a los malicos se les hace presidentes y a los terroristas y violadores se les excarcela y a algunos hasta con homenajes.

Ya será malico este último, que utiliza Cataluña (a la que está haciendo tanto daño) para oscuros fines (a la larga se sabrán, pero son los de siempre), que plantea junto con ERC, un referéndum trampa, en el que la primera pregunta es:

¿Quiere usted que Cataluña sea un Estado? Y si es así, ¿independiente?

Por poner un ejemplo, es como si alguien, vamos a poner el caso de un mozo y una moza, le dice este a esta: ¿Quieres tener algún tipo de relación conmigo? Y si es así ¿quieres que sea de pareja?

Si yo fuera mujer y me hubieran dicho algo así, me mantendría lejos de ese tiparraco. No parece jugar limpio. No sabría si quiere ser amigo, si quiere sexo o no, o si quiere perversiones varias, no sé lo que quiere con esa pregunta tan ambigua.

Prefiero lo que decían en aquella película de posguerra (algo gitanaca, esto último con sentido de humor, sin racismo, que conste en acta) en la que la protagonista, harta de las infidelidades de su chico (en la película decían de su hombre), le espeta con aspecto altanero:

– ¡Ya está bien! ¿me quieres o no me quieres? ¡contesta sí o no como Cristo nos enseñó!

No sé si Cristo enseñó esas cosas, pero lo que es cierto es que por más que Artur Mas quiera comparar el tema con Escocia, ni es lo mismo, ni se lo parece, empezando por la preguntita, que en Escocia es:

 ¿Debería Escocia ser un país independiente? Sí o no

Yo propongo hacer un referendum a nivel de toda España, incluyendo Cataluña, por supuesto:

¿Deben todos los ciudadanos españoles seguir manteniendo a costa de sus familias personas sin escrúpulos cuyas características notorias son la maldad y la irracionalidad?

Para esto sí que no hay cojones.

El carlismo era la auténtica cultura vasca

La auténtica cultura vasca fue el Carlismo, lleno de virtudes sociales, español, valiente y patriota. El independentismo vasco etarra, mentiroso, tergiversador de la Historia, cobarde, racista, antidemocrático y traidor, utilizó sus artimañas para destruirlo y mentir sobre el pueblo vasco, un gran pueblo del que llenaron de mierda su imagen. La iglesia vasca, vergüenza del cristianismo, colaboró en este proceso inquisitorial y destructor de la libertad y los derechos humanos. El final del proceso fue el aborto canceroso de ETA. Lo que mal empieza nunca puede acabar bien

De células sanas por aberración salen espantosos cánceres. El terrorismo etarra es una mutación degenerada del carlismo.

No creo en Dios, porque si existiera (por esto y por otras cosas) habría fulminado con un rayo a la iglesia vasca. Aunque puede ser también que haya justos, como en Sodoma.

Yo sólo pido que alguna vez alguien se imagine, pero se imagine de verdad, no superficialmente, que sería su vida si hubiera sido una víctima del terrorismo, alguien mutilado, desfigurado, alguien al que han matado un ser querido, al que lo han privado de su compañía, a veces de su sostén económico, tan sólo por pensar de forma distinta a ellos. Si aún así, siguen comprendiendo a ETA, es que no son seres humanos, son seres degenerados, podridos por dentro y por fuera.

Y esto va también por los que les apoyan. Y los que teniendo el poder, miran cobardemente a otro lado, como un tal Zapatero, como un tal Rubalcaba, como un tal Mariano Rajoy.

El carlismo es la solución para curar las heridas del maravilloso pueblo vasco, para curar el cáncer que le destruye. Pero vamos por partes.

Dios, Patria y Rey. Esto decían los carlistas a principios del siglo XIX, pero hoy ya no es sostenible.

En cuanto a Dios, no se puede imponer a nadie ninguna religión. Desde el punto de vista cristiano, la propia Iglesia Católica en el Concilio Vaticano II, mandó abstenerse a los católicos de imponer a nadie sus creencias.

Rey. Mejor me callo sobre la monarquía.

Patria. La patria de los vascos es España. Y los carlistas, muchos de aldeas donde no se hablaba español, amaban y luchaban por España. Testimonios y documentos históricos, unos cuantos que lo demuestran. Mentiras, todas las que se quieran. Y se expanden fácilmente con el dinero de los contribuyentes.

Actualmente sostener la unión entre el altar y el trono, como pretendían los carlistas, como lo hacían mis antepasados… pues no tiene ningún sentido. No en vano han pasado casi dos siglos.

Pero me quedo con cuatro cosas de los carlistas:

1) Su generosidad al dar su vida por sus ideales. El toque romántico, vaya. Que mola mucho esa gente aguerrida con una ancha boina roja con borla.

2) La conexión histórica y popular con los vascos y los catalanes. El carlismo no fue desde luego sólo vasco y catalán, pero sí conectó con ellos.

3) El mensaje social cristiano que implica justicia social, nada que ver con las mariscadas de la izquierda española y de las patadas a los de abajo de Mariano Rajoy.

4) La tolerancia de la diversidad dentro de la unidad.

Pero esto es historia, ya que actualmente la cultura política está tan compartimentada y estanca que un hipotético movimiento carlista no podría abarcar desde el socialismo hasta la extrema derecha.

Iparraguirre, el autor de Gernikako arbola era un vasco que amaba profundamente a su querida tierra vasca y también a España, a la que cantó en la canción Nere etorrera lur maitera, sí en euskera, no desvarío:

Hendayan nago zoraturican,
zabal-zabalic beguiac;
¡ara España!¡Lur oberican
ez du Europa guciac!

(Estoy en Hendaya loco de contento
anchos, anchos los ojos;
¡ahí está España!¡Tierra mejor
no la hay en Europa entera!)

Eso era un vasco de verdad. Eso era un carlista. Eso era un español.

No os molestéis, el carlismo pasó. Y por desgracia gente de esta categoría también.

¿Qué será de Sudáfrica? La verdad que no te cuentan

Nelson Mandela fue una persona creada por la historia y el devenir de los acontecimientos. Su inteligencia hizo que sus conocimientos de Derecho sirvieran para ayudar a los negros pobres. Ante el irracional y racista régimen del Apartheid, al principio opuso una conducta pacifista, al estilo de Gandhi. Pero al servir de poco, optó por la vía violenta, a través de la lucha armada, por lo que la ONU le incluyó en la lista de terroristas.

Detenido, pasó 27 años en la cárcel y allí se terminó de hacer abogado. Se convirtió en un símbolo a nivel internacional. Y el régimen racista de Pretoria, ante la presión internacional, no le quedó más remedio que claudicar. El presidente De Klerck le liberó porque el régimen estaba a punto de colapsar.

Y aquí es donde radica la grandeza política de Mandela, ya que en vez de pensar en el odio y en la revancha, pensó en construir una Sudáfrica moderna, tolerante y culta. En este sentido demostró no ser uno de tantos enanos mentales que pululan por el mundo de la política. Debió de pasarle por la mente: He pasado 27 jodidos años en la cárcel y ahora podría cobrármelos enviando a todos mis seguidores a degollar a los blancos, pero amo a mi país y sé que eso no es lo que le conviene.

Así que demostró ser un hombre de estado y un patriota, y de acuerdo con los blancos, se implantó un régimen democrático, haciendo hincapié en la cultura y la educación como forma de superar la violencia existente y las diferencias sociales.

¿El cuento acaba bien? Por desgracia nada más lejos de la realidad.

Las intenciones de Nelson Mandela podían estar llenas de buena intención, pero las cosas son como son, no como nos gustaría que fueran. Hoy por hoy, Sudáfrica es uno de los países más violentos que existen, 4,5 veces mayor que la media mundial, con 42 asesinatos al día, 192.651 agresiones graves y 16.766 atracos en complejos residenciales al año, según los datos de 2012.

Y donde las dan, las toman. Se están produciendo a diario crímenes raciales en Sudáfrica contra los blancos. Desde 1994, un sinnúmero de bebés y niños pequeños han sido asesinados en las granjas en toda Sudáfrica. Las bandas racistas negras rara vez dejan vivos a los hijos de los agricultores cuando matan a sus padres.

Es cierto que existe por parte del gobierno de Sudáfrica intención de acabar con estos crímenes  por motivos raciales. El Tribunal de Derechos Humanos quiere acabar con ellos. Matar a bebés y a niños forma del crimen racial, del genocidio. Cuando los colonos europeos encontraron por primera vez las tribus Xhosa en el Cabo Oriental, era costumbre para los guerreros negros aplastar las cabezas de los bebés blancos contra los vagones del colono mientras ataca. Por desgracia, se está recuperando esta bárbara costumbre.

Niña estrangulada en Sudáfrica

Niño boer torturado antes de ser asesinado

Hombre asesinado en Sudáfrica

Joven violada y asesinada a puñaladas

Las autoridades se ven saturadas, ya que los grupos violentos se están apoderando del país. Por otra parte, el actual presidente sudafricano Jacob Zuma  es un corrupto de tomo y lomo, y en lo que piensan los corruptos es en el dinero y al país que lo den. Desmond Tutu, el arzobispo de Ciudad del Cabo, otro luchador completamente pacifista contra el Apartheid, alerta de lo que está pasando en Sudáfrica.

Sinceramente lo que no me gusta es ir de imbécil por la vida creyendo que los blancos o los negros son buenos o malos genéticamente. Si se vuelven malignos es por toda la mierda de veneno y basura política que les inculcan desde niños.  Y si a eso sumamos la incultura y el embrutecimiento, tenemos todos los ingredientes del cóctel explosivo.

Me importa una mierda que me llamen racista. Además los que te lo llaman muchas veces son los típicos idiotas burgueses que jamás vivirían al lado de gitanos o de negros. Yo he vivido al lado de gitanos y hay de todo, gente buena y no tan buena. Y en cuanto a negros, pues diría que hay alguno que otro en mi familia. Cosas del amor.

¿Qué existe racismo? Ya lo creo que existe, de blancos a negros y de negros a blancos, entre los propios negros y entre los propios blancos. La ignorancia lo crea, la incultura lo mantiene y el odio lo hace explotar.

En África existe un tremendo racismo inter tribal, que hay que reconocer que el hombre blanco no supo ayudar a superarlo, al contrario, se aprovechó del mismo.

Como muestra está la odiosa práctica del necklacing, practicada sobre todo por negros contra negros, en el Apartheid contra delatores y en la actualidad por motivos tribales y no tan raciales o políticos, como ajustes de cuentas entre mafias, que consiste en golpear y prender fuego a una persona  con un neumático empapado en gasolina.

Un vídeo se puede ver en este enlace (recomiendo no verlo a personas sensibles).

Deseo toda la suerte del mundo a Sudáfrica, pero lo tiene difícil. Por desgracia no es el paraíso de tolerancia en el que lo quiso convertir Nelson Mandela.

Esta es la realidad. No es la que gusta, ni la que te cuentan en la prensa o en la TV, pero es la que es.

Carta a ETA de Domingo Urtasun (con un par)

Domingo Urtasun Martínez, nacido en Arboniés hace 59 años, estudió con los Agustinos y en 1972 fue ordenado presbítero. Entre 1974 y 1997 trabajó en Nicaragua donde se enfrentó a Somoza.

Hoy es el párroco de Mendavia.

Hace unos días, al recoger el correo, encuentra sorprendido una carta de ETA exigiéndole más cooperación por la lucha de Euskal Herria.

Esta fue su contestación (publicada en el Diario de Navarra el 23/05/2007).

 

A quien concierna

He recibido una carta sin remite y sin firma, a la que contesto públicamente, con la esperanza de que sea leída por los interesados.

Mi primera impresión fue de sorpresa. Pero después de releerla detenidamente no dudé en pensar que lo que tenía en mis manos era un panfleto del más rancio corte estalinista. Esto se desprende ya desde el primer párrafo que dice literalmente: «Nos dirigimos a Vd. porque venimos constatando su inhibición y escaso interés en la defensa de la Iglesia Vasca». ¿Desde cuándo existe la «iglesia vasca»? ¿Quién es el fundador de tal iglesia? ¿Quiénes son sus autoridades? ¿En qué lugar de Euskal Herría residen?… No alarguemos inútilmente este interrogatorio. Yo he sido bautizado en la Iglesia Católica, que tiene su origen y fundamento en Jesucristo y es una y universal. Mi Obispo y el Papa son mis autoridades. Y todos mis esfuerzos están orientados en esa dirección. Por otra parte, ¿quiénes son Uds. para pretender «obligarme a trabajar más activamente por una Euskal Herría libre, soberana e independiente», como afirman en su carta? Desde mi infancia aprendí que mi patria es España. En ella he crecido, en ella vivo y en ella espero morir, si Dios quiere. No estoy, en absoluto, por la labor de establecer nuevas fronteras, sino más bien por derribar muros y mugas que nos separen.

Tienen la desfachatez de señalarme algunas tareas, como por ejemplo: «poner nombres vascos a los que se bautizan». Señores míos, ¿de verdad que hablan en serio? ¿Estarían dispuestos a aceptar que el cura pusiera los nombres a sus hijos? No me lo puedo creer. Para darle consistencia a tan absurda proposición citan «el comportamiento ejemplar de muchos curas patriotas». Yo pensaba que este lenguaje obsoleto y arcaico, y este afán por promover «iglesias patriotas», sólo se daba en la extinta Unión Soviética y en los países de su órbita comunista, sin excluir la China de Mao Tse-Tung. Esto me suena a manual de Marxismo-Leninismo para principiantes.

Finalmente, su atrevimiento llega hasta «pedirme, también, el voto para H.B. ¡Qué más da cómo nos llamen los fascistas…!» Pues va a ser que no. Sería lo último que se me pudiera ocurrir. ¿Cómo voy a votar por quienes no son capaces de condenar la violencia que asesina indiscriminadamente, y no sienten ningún escrúpulo al profanar los humildes monumentos que el pueblo erige en recuerdo de las víctimas del terrorismo, como acaba de suceder en Berriozar con el monumento a Francisco Casanova, a quien me correspondió enterrar? Es como volver a asesinarlo de nuevo. De verdad que no me resulta ilusionante colaborar con sujetos de semejante catadura moral.

Domingo Urtasun, párroco de Mendavia

Diplomático en el Madrid rojo

Cesar Vidal, en su libro Paracuellos-Katyn. Un ensayo sobre el genocidio de la izquierda, éxito de ventas, superada ya su quinta edición, revela de una manera escalofriante lo que ocurrió en Madrid durante el gobierno del Frente Popular.

El que narra los hechos fue el cónsul y encargado de negocios de la Embajada Noruega en España, Felix Schlayer. Éste, tras volver a su país y calmarse las cosas (Noruega fue invadida por Alemania en la Segunda Guerra Mundial) publicó un libro de nombre Diplomático en el Madrid Rojo, publicado por la editorial Herbig, que curiosamente nunca fue publicado en España y se sospecha que incluso fue el propio Franco el que puso impedimentos, a pesar de serle muy favorable, ya que pensaba que no contribuía a una futura reconciliación nacional.

Schlayer cuenta con tristeza los tiempos vividos durante la Guerra Civil Española. Describe a los españoles como algo atrasados, perezosos, informales, pero nobles, bondadosos y, sobre todo, valientes. Pero su peor defecto, según Schlayer, es que son muy ingenuos. Según él, se lo creen todo. Afirma que ser rojo o blanco (usa la terminología de la Guerra Civil rusa), más que una cuestión de política es una cuestión de moral.

Cuenta con todo lujo de detalles lo visto, con sus propios ojos en el terreno, lo que ocurrió durante la guerra. No tiene empacho en afirmar que el gobierno del Frente Popular era un gobierno revolucionario de auténticos genocidas sin ningún tipo de escrúpulos. De las tropas franquistas también afirma que cometieron desmanes, pero que actuaban, por lo general, dentro de la legalidad, aunque esta fuese muy rigurosa. Él vio personalmente el fusilamiento de ocho falangistas en Salamanca, por haber cometido abusos entre la población. Sin embargo, nunca vio nada parecido en el Madrid rojo, usando sus términos.

Narra con angustia la búsqueda de su amigo, Ricardo de la Cierva, padre del actual historiador. Ricardo de la Cierva era un abogado que trabajaba en la Oficina de Negocios de la Embajada Noruega en España. Su trabajo consistía en asesorar a empresarios noruegos sobre las particularidades de la legislación española. Más allá de una relación de trabajo, existía una gran amistad entre Schlayer y Ricardo de la Cierva.

Cuando el Frente Popular tomó la calle, cuenta Schlayer que temió por la vida de su amigo, sabiendo que era católico y de derechas y que no ocultaba en público sus ideas. Sus sospechas se vieron confirmadas cuando faltó al trabajo y en su casa ya le daban por desaparecido. Era entonces público y notorio que se estaba deteniendo a católicos, militares, intelectuales de derechas, gente que respondía a un perfil “contrarrevolucionario”, con el eufemístico fin de “tener en observación e interrogar a la quinta columna de las tropas franquistas”.

Llegó a la cárcel modelo y lo primero que observó que esta estada vaciada de delincuentes comunes y que ahora estos formaban parte de las milicias populares. Preguntó por Ricardo de la Cierva y la respuesta que recibió fue poco menos que despectiva, volvió a insistir y entonces se produjo un forcejeo en que casi se llega a las manos. Entonces fue amenazado de muerte, a lo que respondió que era un diplomático noruego protegido por las leyes internacionales y que cualquier acción contra su persona era un acto de guerra. Insistió entonces en hablar con el responsable. Tras su presentación como diplomático, la actitud de los milicianos cambió por completo. No interesaba que la República apareciera ante el mundo como lo que en realidad era: un régimen marxista-leninista. Le dijeron que volviera los próximos días.

Los siguientes días fueron testigos de las sacas. Se sabía públicamente que los presos eran llevados en autobuses urbanos de dos pisos. Era una incógnita hacia donde se dirigían, pero todo el mundo sospechaba lo peor, incluido claro está, Schlayer. Tras intentar infructuosamente entrevistarse con Margarita Nelken, logró una entrevista con Santiago Carrillo. Según narra en sus memorias, este era un agente de Stalin que cumplía fielmente su ideario bolchevique. Intentó parecer una persona conciliadora, pero a estas alturas Schlayer era zorro viejo y no se dejó engañar. Dijo que estaba preguntando por un amigo suyo y nadie le daba respuesta, a lo que Carrillo contestó que se estaban “evacuando” algunos presos por su propia seguridad. Schlayer dijo que quería saber el paradero de su amigo y si no era satisfecho pondría estos hechos en conocimiento de la Cruz Roja internacional. Carrillo afirmó entonces que él no podía saber el paradero de cada preso. Entonces Schlayer terminó la conversación con una frase fulminante: usted es uno de los responsables de orden público y no puede alegar desconocimiento y menos cuando yo le estoy informando, y no lo estoy haciendo como Felix Schlayer, sino como diplomático de la Embajada Noruega.

Los días venideros serían terribles para Schlayer. Tenía que averiguar la verdad, como amigo de Ricardo de la Cierva y como diplomático noruego. Siguió a los autobuses que salían de la cárcel modelo. Se dirigieron a Paracuellos del Jarama. Ahí Schlayer se ocultó. Temió por su vida y más sabiendo que los milicianos eran capaces de todo. Observó que se dirigían a un pinar de las afueras del pueblo. Los autobuses luego regresaron ¡vacíos! Cuando tras unas horas empezó a llegar al pinar, lo primero que percibió fue un intenso olor a descomposición. Y al llegar, sus sospechas se vieron confirmadas, manos y cuerpos sobresalían de la tierra. Habían sido mal enterrados, y se veían algunas manos unidas con bramante. Habían sido asesinados de forma indigna, sin juicio, sin culpa, tan sólo por el hecho de no querer una España de régimen estalinista.

Schlayer entonces supo que jamás volvería a ver a su amigo. Vaticinó que Madrid caería porque la población sabía lo que estaba ocurriendo y no quería vivir bajo el terror rojo. Pese a lo publicitado por las versiones marxistas, Schlayer dice que los madrileños se alegraban clandestinamente cada vez que se producía un avance de Franco y que Madrid sólo lo defendían los comunistas fanáticos, delincuentes comunes y brigadistas internacionales.

Informó entonces a la Cruz Roja internacional y a algunas embajadas europeas. Parece ser que la francesa se lo tomó en serio e investigó las denuncias. Obtuvo bastantes pruebas e hizo numerosas fotografías. Y entonces ocurrió uno de los casos más oscuros de nuestra Guerra Civil. El avión francés fue atacado en el aire, estrellándose y muriendo todos sus ocupantes. El Gobierno de la República acordonó en seguida la zona. La versión oficial, tomada también así por el gobierno francés, es que fue atacado por un avión alemán. Los alemanes desmintieron los hechos afirmando que no tenían ninguna razón para atacar a un avión civil francés. Siempre se sospechó que fue derribado por el gobierno del Frente Popular, incluso hubo testigos que así lo afirmaron.

Tras la desclasificación de los archivos de la antigua Unión Soviética, se ha encontrado un documento, fechado en 1937, que consiste en una carta de un oficial ruso, de nombre Dimitrov, a Stalin. Se ha realizado una traducción al español, pero aparece cortada. El documento no deja lugar a dudas sobre todos estos hechos.

Era necesario ocultar las pruebas como fuese. El gobierno frentepopulista tenía que aparecer ante el mundo como una democracia atacada y no como lo que era, un régimen comunista. Pero las pruebas son irrefutables por completo.

En todas las guerras se producen violaciones de derechos humanos por ambos bandos y mucho más en las civiles. En estos conflictos afloran los sentimientos más bajos y ruines del ser humano y se desatan abiertamente todos los odios y rencillas. No está de más recordar lo sucedido en la Guerra Civil Rusa, en la Guerra de los Balcanes o en la Guerra de Secesión Norteamericana. En ésta última, un dirigente tan bueno, recto y justo, como pocos en la Historia, Abraham Lincoln, no pudo evitar las cabalgatas de Sherman y Sheridan, que asolaron a su paso grandes zonas del Sur de Estados Unidos.

También en la zona nacional se produjeron abusos. Así lo ha investigado y reconocido el historiador Juan de la Cierva, cuya ideología no es nada dudosa y que ha pagado con el precio de la sangre de su familia (hemos narrado lo de su padre). Si bien lo admite, también hace las siguientes matizaciones: que se produjeron en los primeros momentos de la guerra y que por parte del gobierno franquista se hicieron esfuerzos para que nadie se tomase la justicia por su mano, funcionando al poco tiempo la justicia ordinaria, eso sí, rigurosísima, cosa que, por otra parte no es extraña en tiempos de guerra. En cambio, en la zona roja, se ampararon y fomentaron las violaciones de los derechos humanos por parte del gobierno.

Esta es la cruda verdad de la Historia: en ninguna guerra ningún bando es angelical. La propaganda de gran parte de la izquierda, pretende hacernos creer que el régimen de la República era completamente angelical. Es cierto que no faltaron grandes demócratas, como Sanchez Albornoz, ni personas de izquierda demócratas y con humanidad, como Besteiro, pero fueron superados, cuando no purgados por los elementos más radicales, que pretendían convertir España en un régimen estalinista, en el que toda oposición fuera eliminada físicamente -dejémonos de eufemismos- asesinada.

Aunque hubo excesos por los dos bandos, repito como en toda guerra civil, es falso el mito de que la Segunda República era una joven democracia, en cuyo bando sólo había un tierno ejército de idealistas, y que fue atacada por feroces fascistas, que sólo sabían robar, violar y asesinar. Cuando la verdad es que esa joven democracia fue dinamitada en sus cimientos por el comunismo, que ejerció un terrible régimen de terror. Lo contrario es insostenible y ridículo. No se puede tapar el sol con una mano. La leyenda rosa de la República es insostenible y ridícula.

Sólo los niños creen en los cuentos de hadas.

En España hay dos varas de medir

Nos enteramos que el anterior 12 de octubre de 2013, un bar madrileño, La Legión, frecuentado por militares fue asaltado con gran violencia por cinco radicales de extrema izquierda, destrozando el mobiliario y agrediendo a los clientes. Cuatro personas sufrieron heridas de consideración al hacer sido agredidas con palos y piedras.

Investigaciones han revelado que dicha agresión, producida el Día de la Hispanidad, fue promovida exclusivamente por motivos de odio y animadversión.

Estos individuos, además de ser violentos, son unos auténticos imbéciles, ya que se cabrean al oír el nombre de España. Si no quieren ser españoles, estaremos encantados de que abandonen su nacionalidad y se marchen del país. Donde van a ir que más valgan.

Pues bien, resulta que ninguno de nuestros políticos ha condenado esta agresión, cuando el ataque a la librería Blanquerna por elementos de extrema derecha fue condenado unánimemente. Sinceramente alucino.

Es España hay dos varas de medir. Que me demuestren lo contrario.

Criminales en la calle. Suma y sigue…

España es el único país del mundo donde los asesinos terroristas y los violadores múltiples se ríen en la cara de sus víctimas, con la pasividad de sus gobiernos, que miran antes por los derecho de los terroristas que por la protección de los ciudadanos.

 Pero esto no ha caído del cielo, aquí hay muchísimos culpables:

– El gobierno de Felipe González, que no reformó la legislación blanda del franquismo (se puede ser o no franquista, pero la legislación es de las cosas menos manipulables).

– El gobierno de Zapatero, indigente mental que creía que los terroristas estaban arrepentidos y llorosos y que iba a pasar la historia como el “gran pacificador”.

– El gobierno de Rajoy, cuyas señas de identidad son la mentira, la traición y la cobardía, que asiente por no tener problemas.

– La izquierda española, que no sabe si va o viene, si es española o de chiquististán, o si a cada pueblo hay que darle la independencia porque constituye un hecho diferencial.

– Los independentistas, borregos manejados por gentuza, que no tienen otro objetivo en la vida más que el ansia viva.

Y, por supuesto, y por encima de todo:

– Los HP (aunque su madre sea una santa) de asesinos y violadores y quienes les apoyan, les ríen las gracias y colaboran con ellos.

Y por último:

– El pueblo español, que sólo sale a la calle cuando gana la selección, que moriría por unos colores, pero que parece despreciar a quienes representan esos colores, o sea, el pueblo español.

La bandera es como un billete, vale por lo que representa, no por lo que es. Y por desgracia, los españoles estamos devaluando el valor de nuestra moneda.